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Chivo expiatorio

Necesitamos el chivo expiatorio que nos permita retrasar nuestras responsabilidades, que nos consuele ante nuestras impotencias.
He recibido un mail en el sale la señora Merkel desnuda en sus tiempos de joven. Otras veces con el bigote de Hitler, otras con la mano alzada… No he recibido ningún mail en el que se habla de que lleva una vida sencilla en un apartamento de Berlín, que ella misma hace la compra y cocina. No he recibido ningún mail hablando de que le otro día le canto las cuarenta a Putin por el cercenamiento de las libertades en Rusia… Siempre la culpa está fuera. Alemania se ha quejado ya de la imagen

Pocos dicen que todos hemos alumbrado y participado en alguna medida de este sistema, poco se atreven a decir que en realidad quisieran prolongarlo. No deseo defender a la canciller alemana, deseo reparar en el error de buscar siempre los culpables fuera.

El reto que tenemos por delante es absolutamente titánico. Seguramente el ser humano no se había encontrado en el pasado con desafíos de este calibre. Apenas podemos salvar algo de la civilización cuya fecha de caducidad ya expira. No nos sirve la economía, pero tampoco la salud, la educación la política… que hemos heredado. Ante el vértigo de construir lo nuevo, optamos por construir los culpables fuera. En la señora Merkel se estrellan ahora todos nuestros dardos. ¿Mañana en quién? ¿Hasta cuándo nos perpetuaremos echando balones fuera? ¿Hasta cuándo y hasta dónde arrastraremos nuestra impotencia para construir otro nuevo mundo, sobre otros principios, sobre otros valores absolutamente diferentes?

El modelo ya se ha acabado, ¿pero quién arranca con el otro, quién empieza a crear comunidades autosostenibles que compartan cielo y tierra, tomates y futuros? ¿Quién se mancha las manos de adobe construyendo en el páramo los hogares que albergarán nuestras utopías? Es mucho más sencillo desde el sofá, portátil en ristre, reenviar el mail de la Merkel desnuda culpándola de todos nuestros males.

Yo no sé si Merkel ha acertado en sus políticas económicas, lo que sí sé en sus espaldas no descansan grandes responsabilidades con respecto a la crisis que vivimos. Lo qué sí sé es que la solución no puede venir de Berlín, ni de Bruselas, ni de Madrid, ni de Vitoria-Gazteiz…, sino de la fuerza y de la voluntad que un día ha de brotar incontenible desde nuestro interior:

 
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